Por Claudia Castro*
La inclusión financiera implica más que abrir cuentas o acceder a un crédito. Se trata de garantizar que todas las personas, sin importar su orientación sexual o identidad de género, puedan contar con productos financieros adecuados, accesibles y respetuosos de su identidad.
Sin embargo, para la comunidad LGBTQ+, esto no siempre ha sido una realidad.
Si bien no hay estadísticas específicas para este segmento de la población, en México aún existe un rezago en materia de inclusión financiera: de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, elaborada por el INEGI y la CNBV, 76.5 % de la población entre 18 y 70 años cuenta con al menos un producto financiero formal.
Los datos indican que sólo 72.8 % de las mujeres tiene acceso, frente al 80.9 % de los hombres. Además, 85.2 % de las personas aún usa efectivo para compras menores a 500 pesos, y sólo 8.2 % ahorra en cuentas formales.
Estas cifras contrastan con los obstáculos adicionales que enfrenta la comunidad LGBTQ+, como la discriminación, la falta de documentos oficiales que reconozcan su identidad de género o las condiciones laborales precarias, lo que limita la inclusión financiera efectiva.
Entre algunas consideraciones que la banca está ya tomando en cuenta para incluir a este segmento de la población, se encuentra la posibilidad de que personas trans y no binarias abran cuentas con el nombre con el que se identifican, lo cual representa un avance importante hacia el reconocimiento y respeto de su identidad.
Asimismo, existen instituciones que permiten que parejas del mismo sexo accedan a créditos de manera conjunta, abriendo la posibilidad de construir un patrimonio compartido y por otro lado, algunas aseguradoras han eliminado cláusulas excluyentes en este sentido y han comenzado a ofrecer pólizas que reconocen la diversidad familiar.
Ahora bien, en definitiva, para ser parte de esta integración al sistema financiero formal es necesario considerar que todas las personas, independientemente de la identidad de género o preferencia sexual, tengamos un historial crediticio saludable, ya que ello nos ayudará a obtener créditos en mejores condiciones.
Como sociedad debemos entender que el impulsar productos financieros inclusivos no solo reduce desigualdades: también empodera a quienes han sido históricamente excluidos. Cuando una persona LGBTQ+ puede acceder a un crédito, asegurar su salud o planear su retiro, también está construyendo autonomía, estabilidad y futuro.
Y eso, nos beneficia a todos.
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*Periodista especializada en temas financieros. Ha colaborado en periódicos como Excélsior, La Razón de México y El Economista, así como en revistas de negocios como Entrepreneur y Mundo Ejecutivo. Actualmente dirige la plataforma digital Hablemos de Dinero.




